30 mayo 2007

El Rocío en imágenes

La romería de El Rocío, la más importante sin duda de toda España, genera a su alrededor multitud de imágenes. El paisaje, el cromatismo de la fiesta, la alegría de los trajes de flamenca y cortos, los animales, la luz, la intensidad, la devoción, la fuerza y la tradición generan un espectáculo único para los sentidos.


Las hermandades

La Hermandad Matriz de Almonte es la encargada de organizar la Romería y mantener el culto de la imagen de la Virgen del Rocío en la aldea almonteña. Además existen otras 105 hermandades filiales de esta matriz repartidas por toda España, íncluso en Bruselas.


El cajón de Umbrete. Desde el siglo XIX es la carreta del Simpecado de Umbrete. Construido y pintado en madera tiene la singularidad de ser el más antiguo que llega a la aldea y posee en su espalda el lugar para guardar los objetos de culto y de la hermandad en la romería: el famoso cajón.

La carreta de Triana. Desde 1813 los trianeros peregrinan como hermandad filial a la aldea almonteña. Su carreta de plata ha sido modelo de inspiración para muchas otras hermandades. En la actualidad está volcada en la labor social: un centro para deficientes mentales en Castilleja de la Cuesta.


Esa carreta de plata, orgullo del pueblo mío. La carreta de Gines cumple el esquema típico de templete sobre seis columnas. Similar a la de Triana llama la atención por su elegante sencillez dentro de los cánones clásicos. El exquisito gusto en el exorno floral es digno de mención. Peregrina desde 1928.


La Alhambra en El Rocío. Desde Granada llega esta singular carreta con aires nazaríes. Sus arcos y techumbre evocan en todo momento a los palacios granadinos. El bordado del Simpecado está lleno de la fruta de la ciudad: la granada. Llevan a gala que Juan Pablo II lo besó y bendijo en Roma.


Como el verde del romero. El Simpecado de Pilas ofrece un diseño que quiere mostrarnos la angüedad de su peregrinar. En óleo la Virgen aparece como en las pinturas más arcaicas, tanto que ni se reconoce a la actual en la misma. Dos cuernos de la abundancia repletos de flores y un gran sol complentan el bordado.


Coria la Ribereña. Aires del Guadalquivir llegan prendidos en este Simpecado. Lo añejo de su estampa nos da una idea de lo antiguo de la devoción rociera en Coria del Río, fue comprado el mismo año de la fundación en 1849. La carreta fue labrada en plata en 1953 por el insigne orfebre Marmolejo.


De la vid y el trabajo del hombre. Con motivo del 75 aniversario de la fundación de la hermandad de Jerez de la Frontera se extrenó este nuevo Simpecado. Sobre terciopelo morado se observan los ricos bordados en el que abundan las vides con el que se elaboran los afamados caldos jerezanos.


Se oyen cantar a los pinares y a las adelfas... ¡Huelva, Huelva! Dicen que El Rocío no empieza hasta que la Hermandad de Huelva no entra en la aldea. Lo espectacular de su llegada, los caballos y los vivas... El que lo ha vivido no lo puede describir. Una cruz remata el bello Simpecado bordado sobre terciopelo verde.


La flor del Condado... Rociana peregrina con el paso ligero de las mulas. Su camino lo hace junsto en una jornada, llegando a la aldea ya bien entrada la noche. Su casa en pleno Real, propaga en un azulejo el mensaje apostólico de Juan Pablo II: "Que todo el mundo sea rociero". En el Simpecado grana la Virgen destaca sobre malla de oro.


Detalles





























24 mayo 2007

Que han salido las carretas Verea delante a Gelo...

La Fervorosa, Mariana y Antigua Hermandad de Nuestra Señora del Rocío de Gines inició su camino en la mañana del martes 23 de mayo. La Misa de Romeros se inició a las nueve y media de la mañana en la Parroquia de Nuestra Señora de Belén y estuvo presidida por D. Juan María Cotán, párroco y director espiritual de la hermandad, y concelebrada por Fray Ricardo de Córdoba. Fue muy emotiva la interpretación de las conocidas sevillanas de Gines por parte del coro de la hermandad. Fray Ricardo alabó la devoción rociera de Gines y dijo que gracias a ello la iglesia de Gines era en esa mañana una verdadera catedral para María.

Tras la misa se inició el camino. Primero un recorrido por las calles más céntricas del pueblo. Es fiesta local. El ámbiente lo decía todo. La gente llenaba las calles y las casas mostraban sus mejores galas con balcones adornados. La carreta del Simpecao enfila ya la comitiva hacia Bormujos. Otro año más realizan una emotiva parada. El lugar, el Hospital de San Juan de Dios. El director del centro hospitalario da la bienvenida a la hermandad. En su discurso le agradece la visita porque traen el consuelo a aquellos que no pueden hacer el camino y acercan el Simpecao para que María nuevamente sea la salud de los enfermos, como resonaba en las voces de los presentes la conocida sevillana.

Un total de trece carretas tiradas por bueyes seguían a la carreta del Simpecao hacía la Parroquia de la Encarnación de Bormujos. Allí la ahijada de Gines la recibe como siempre. El calor del pueblo de Bormujos a su madrina es patente. Tras la Salve y vivas de rigor continúa la hermandad su marcha hacia El Rocío. La carretera hacia Bollullos es larga y pesada. Tras ella por fin los caminos que le llevan a la hacienda de Lopaz. Lllegaba la carreta ya de noche acompañada por las luces de las vengalas. El rezo del Santo Rosario a las once d ela noche dió por concluida esta primera jornada de camino. Al día siguiente el día empezada temprano. Santa Misa a las siete menos cuarto de la mañana y paso del Quema a las 11.


22 mayo 2007

Gines: Caminando desde 1928


Esta mañana en mi pueblo
el aire huele a Rocío,
yo preparo mi carreta
porque me voy con los mios

¡Viva la Blanca Paloma!,
señores yo soy de Gines
y llevo dentro el Rocío,
el que me enseñó mi gente,
la gente del pueblo mío.

14 mayo 2007

Caballos, vino, flamenco y una ciudad: Jerez

Con la mirada y los ojos del foráneo es como se aprecia lo propio y la única forma de conocer aquello que, por cotidiano, pasa por alto a los ojos de las gentes que viven a diario una ciudad. Y este ejercicio lo pude realizar este fin de semana con la Feria del Caballo, esa que llega en el mes de mayo como flor en primavera. Como marco, la ciudad de Jerez de la Frontera, encrucijada histórica de caminos de ida y vuelta entre Cádiz y Sevilla, entre el mar y la campiña, entre el llano y la sierra. Ciudad que hace un dualismo mágico, lo aristocrático y lo popular a la vez, una combinación que lleva a sus límites en su casco viejo, plagado de grandes palacios e iglesias pero también de humildes patios de vecinos y de viejos portales y cancelas. Santiago, San Miguel, San Mateo... viejos barrios con sabor antiguo, donde parece que por las casas y sus gentes no ha pasado el tiempo. Camina aún aquellas viejas de roete y pendiente de coral, caballeros de traje y corbata para diario y hasta sombrero... Pero Jerez es más que el mito, aunque viva de él y se agarra al hoy. Hace del vino, el caballo y el flamenco su industria productiva con el turismo, para ofrecerlo al visitante. Reconvierte su leyenda y se plaga de bodegas y aromas de solera, se salpica de peñas y de su festival de flamenco, y hasta hace Real una escuela ecuestre. Como dije un día se transforma en parque temático de Andalucía. Pero un simple paseo me hace palpar la realidad social, aquella que clama justicia con pintadas por doquier para Juan Holgado, o esa masiva que se hecha a la calle pidiendo el pan para que Delphi no se cierre.

Sales del centro por la puerta de Sevilla y te encaminas a la Avenida Álvaro Domecq, igual que si sales del centro de Sevilla por la puerta de Jerez y caminas por La Palmera, es ese el momento que no se sabe muy bien si estas aquí o sí estas allí. Jerez y Sevilla se dedican ambas puertas que se miran en la lejanía de un centenar de kilómetros separadas por un peaje, como aquellos postigos antiguos de las murallas que cobraban tributo por el paso de mercancías. Buscando Sevilla llegas al Parque González Hontoria, recinto ferial. No tiene portada, ni falta que le hace. La cuidada iluminación la suple con creces. Feria de anchas calles, salpicada de botas y geranios. Casetas de fachadas, geometría urbana, colores andaluces de albero con fino regado. Templetes y toldos que me retrotraen a la de los años veinte del Prado. Menos flamencas y menos trajes de chaqueta que en la clasista de Abril, las casetas son públicas. La música más variada también porque no sólo suenan sevillanas. Si con algo me quedo es con una familia entera. La abuela rompe el silencio, con la cadencia de su cante. Una bulería arranca. El jaleo abre parte. Las palmas arden. El quejío entra en la sangre. La nieta reacciona y comienza el baile. Nada de escuela ni academia, que los siglos pasan delante. La niña quiebra el talle. Brazos y piernas nunca quietas, que la contorsión flamenca no hay quien la pare. Cesa la abuela. Comienza la tía. Una sucesión de artistas de una misma saga. Toda la arcá ahí delante. Todo improvisado en una rotonda del González Hontoria. Y la gente disfrutando del arte. Pero en las casetas más. Los cuadros de las peñas derrochan gracia. La bulería es ritmo, compás festero, la letra, sin trascendencia, en segundo plano, sólo una excusa. Fuera el paseo de caballos. Enganches de todos los estilos. Caballos de todos los colores y caballistas de todas las modas compiten en elegancia en este pasear. Cocheros con levitas y sombrero de copa, también de corto y ala ancha. Feriantes que bajan y suben. Parada y refresco con buenos caldos de la tierra. Aquí terminan mis breves impresiones del caballo, el vino y el flamenco de esta mi primera Feria del Caballo.

10 mayo 2007

Jugando al Rocío

Las carretas chicas: escuela de rocierismo

Estamos muy acostumbrados a que con una caja de cartón, dos palos, una tela y tres flores los niños siempre han hecho su cruz de mayo y así han jugado a la Semana Santa aprendiendo y haciendo suya la tradición de los mayores. Gines, pueblo aljarafeño eminentemente rociero, también tiene sus cruces de mayo, sus niños y sus pasitos... Pero el sentir rociero late muy dentro y cada mayo cuando se acerca la romería del Rocío salen las carretas chicas. Una estampa única y entrañable que lleva El Rocío a los más pequeños haciéndolos protagonistas. Es una tradición que nació hace más de 20 años y que se ha mantenido con altibajos en el tiempo. El afán de un grupo de hermanos y del mismo Grupo Joven de la hermandad del Rocío de Gines hacen que antes de la novena las carretas chicas recorran las calles del pueblo.

A la comitiva no le falta un detalle. La encabeza el tamborilero con el toque típico de la flauta y el tamboril. Tras él la carreta del Simpecao, fiel réplica pero en menor escala. Y como un rosario de cuentas, las carretas chicas, cada una con sus colores, con su nombre y su familia. Los Mora, abuela Rosario... Y los romeros. No faltan ni los trajes de flamenca, ni los sombreros de ala ancha, ni los botos camperos. Salen las carretas de la plaza, como las de verdad, aunque no suenan cohetes porque son muy chico para jugar con fuego. Recorren varias calles en su particular camino. Y el encuentro con la Virgen también llega, en el monumento que en 1978 se levantara con motivo del cincuentenario de la corporación rociera. Una parada. Los romeros se refrescan y llega el camino de vuelta. Otra vez en la plaza de España y termina este Rocío de los niños.

Jugando al Rocío es una forma de integrar a los más pequeños en este sentir del pueblo. Es ejemplo de las sevillanas que en el camino canta Gines. No te preocupes tú padre, no te preocupes tú, abuelo; que los hijos que yo tenga también serán rocieros. O aquella otra ¡Qué buena tierra tenemos! ¡Qué buena es la sementera! ¡Qué no se pierda en Gines la semilla rociera!

29 abril 2007

Una portada muy almohade

Inspirada en la edificación más emblemática de la ciudad, los arcos de herradura y la labor de sedka han acercado un poco la Giralda al Real de la Feria. La portada de este año, ni ha sorprendido ni ha defraudado, ha pasado como una más. Al igual que esta feria del centenario bético. Una feria que Antonio Burgos tilda de decadente en alguno de sus artículos de estos días. Bien es verdad que la loperiana idea de los farolillos verdiblancos han deslucido un poco el panorama no por los colores, sino por la falta de previsión. Las calles han estado bastante deslucidas al no reponerse los farolillos tras la lluvia, algo que más que al Betis compete al Ayuntamiento, que bastante tiene ya con medio inaugurar a marchas forzadas antes de las elecciones municipales. Dicen que cada vez queda menos para que el traslado de la Feria al Charco de la Pava sea una realidad, un traslado que nos dará sin duda alguna una feria distinta. Si los que conocieron la feria de antes cuentan que la feria de los Remedios no es ni la sombra de lo que fue la feria del Prado de San Sebastián... Miedo tienen algunos de ver que clase de parque temático nos espera en la feria del charco de la pava, una feria ya del siglo XXI inmersa en la construcción de un sueño y de la ciudad de las personas en la que a los sevillanos les gusta poco eso de las setas y de las pieles sensibles de nuestro ayuntamiento.

17 abril 2007

La torre de Pedro I el Cruel


Este es el aspecto que presentaba la Torre del Oro en la época del rey Pedro I el Cruel. En la última restauración acometida en 2005 se llegó a esta conclusión. El segundo cuerpo, de ladrillo y planta hexagonal que posee decoración cerámica en cintas verdes recuadrando los arcos, databa del siglo XIV. Fue el rey castellano quién lo mandó construir. Ya en la noche de los tiempos se pierden las leyendas sobre el uso que el monarca daba a la torre. El más extendido era el refugio para las damas que cortejaba. El romance más sonado fue el de doña Aldonza, hermana de María Coronel, que espera al rey en la torre. Su esposa, María de Padilla, aguardaba mientras tanto en el Alcázar.

El primer cuerpo fue levantado en época almohade en 1220. Se trataba de una torre albarrama para defender el puerto de Sevilla. Cuentan que una cadena cerraba el paso a la navegación. Ésta uniría la Torre del Oro con otra torre en la orilla trianera. Después pasó a ser capilla y hasta prisión. El tiempo no corría en valde y en el siglo XVI hubo que realizar obras de emergencia justo cuando Sevilla se convirtió en puerto y puerta de Indias. El terremoto de Lisboa también hizo mella en su estructura. El asistente Marqués de Monte Realse planteó íncluso la demolición para ensanchar el paseo. El pueblo llegó hasta al mismo rey pidiendo el indulto de aquella torre, testigo de tantos siglos de historia de la ciudad. Es en 1760 cuando se arreglan los desperfectos y se añade la linterna superior para que fuera faro del puerto. Un nuevo movimiento popular logró que la torre no se derribara cuando los revolucionarios de 1868 la pusiron a la venta para aprovechar sus materiales de construcción.

Actualmente depende del Ministerio de Defensa, concretamente de la Armada. Su interior alberga el museo naval. Su silueta, en continuo maridage con el Guadalquivir, es una estampa típica que ha dado la vuelta al mundo.

06 abril 2007

Jueves Santo

Uno de esos tres jueves que relucen más que el sol en el calendario popular amanecía gris y plomizo, antojándose mañana invernal en el mercurio. Era temprano y la jornada se presentía rara. La misa en Monte Sión había sido puntual, a las nueve de la mañana. La Virgen enjoyada y los pasos exhornados desde el día anterior lo habían hecho posible. Era Jueves Santo pero no veía el mismo ambiente. Poca gente. Quizás era el primero en el que sólo deambulaba sin rumbo por la ciudad de los recuerdos a una hora inusal. Sí, la gente vestía de oscuro, de los balcones pendían palmas y colgaduras. Las calles eran las mismas pero mis impresiones otras. El frío del ambiente se calaba poco a poco cada vez más adentro.

Mis pasos perdidos hacia la desembocadura de ese río que nace de un Valle de lágrimas y termina en la Esperanza. Calle Feria hacia la Macarena pero no llego a la ansiada y giro y media vuelta, hacia alguna cafeteria en busca de un sustento mañanero pero no es así, y otra vuelta más, mis pasos otra vez sin rumbos se encaminan en busca de la mirada de Dios en San Lorenzo. Quizás allí encontrara también esa paz que todos ansiamos dentro y que muchos buscan allí cualquier día del año. Por el camino me topé con una Alameda desolada y vacía, ni flamencos ni toreros de años veinte, ni la sombra de bronce de Manolo Caracol. Sólo llegué al Gran Poder. Por dos veces entré en esa basílica redonda, dos veces le dí la vuelta a esa zancada potente, por dos veces fijé intensamente la mirada en su rostro, ese al que Isaías se refiere como Varón de dolores y conocedor de todos los quebrantos, ante quien se vuelve el rostro. Y Sevilla no se vuelve, está allí presente, mirándo sus penas en él en una identificación mística.

Salgo de San Lorenzo y una llamada me trae compañia. Junto a mi hermana busco al otro nazareno de la mítica Madrugá, aquel que está en San Antonio Abad. Siempre me llamó la atención la que llaman Madre y Maestra de las cofradías. Su cortejo, sus compostura, sus enseres, su estar en la calle, el andar de sus pasos y el olor a un incienso distinto y un azahar siempre igual. Pero no es todo eso. La Iglesia de San Antonio Abad tiene un aire especial, un espíritu inusual y su Nazareno no podía salir a la calle sino en la Madrugá. Es cuando en el andar de los costaleros nos hace vivo el andar de Cristo por la calle de la Amargura. Una visita al Valle y a la Exaltación.



Pero mi Jueves Santo
es la calle Feria,
la plaza de los Carros,
colores albero, blanco
y verde de carruaje.
Revuelos de merinos
y terciopelos negros,
de huertos sevillanos
y rosarios sobre varales.
Blondas de mantillas negras,
tradición inigualable.
Todo un año esperando
a que Rosario salga a la calle.
Ilusiones en un puño,
agarradas a raudales,
soñando que aquellas nubes
se desvanezcan, vayan lejos
y no quede ni un ápice,
de ese agua que amenza
los sueños de los cofrades.
Ni la miel de las torrijas
ni el vino de los lagáres
podrán endulzar la pena
cuando se comunica el ultraje.
Las nubes son traicioneras
y el sol muy poco sale
unas gotas lo empañan todo
con charcos en la calle.
Ni partes, ni meteorólogos
ni cabañuelistas, ni avances
parecen dar tregua
a un día roto en tres partes.
Se desvaneció los Negritos,
Fundación y la de los Ángeles,
ni un Machín saetero
supo endulzar el trance.
Que ni Carmen la Cigarrera
cruzó el puente esa tarde,
en la capilla de Altadis
los corazones palpitantes,
Flagelación y su Victoria
quedaron solos espectantes.
En los Terceros, en Sol
la gente y mucha agua cae.
Lágrimas en los rostros,
y Cristo en la cruz amante.
Pasan los minutos, las horas
y poco o nada abre la tarde.
Incertidumbre en la ancha Feria
que Cristo espera orante,
arrodillado ante su sino
aceptando la voluntad del Padre.
La novia del Jueves Santo
en su palio de sueño de encaje
luce más bella ahora
porque con saya nueva sale.
Su pecherín enjoyado
cada pieza una leyenda trae.
Un octubre coronatorio
a mis retinas retrotrae.
Lecaroz le recoge el manto,
Arruza en medallas vuelve,
los dominicos se disputan
el calado de los varales,
la fragancia de este nardo
que en azucena se reparte.
La tormenta ha pasado,
la decisión llega tarde,
pero los siglos pesan mucho
y el pestillo no se abre.
Este año Sevilla sin el Rosario,
la calle Feria sin su Reina,
Jueves Santo sin el arte
de tanta gracia y nobleza
de María Santísima del Rosario
coronada en su grandeza.
Día distinto, extraño y raro
que comenzó frío en la Alameda.

03 abril 2007

Juan Pablo II

En el segundo aniversario de su muerte...

Vino, se fue y regresó

como viene, va y regresa

al balcón de la promesa

lo que el Amor prometió.

Y cuando en Sevilla habló

fue el mensaje tan fecundo

que abrió para la fe un mundo

con la temprana semilla

que al cofrade de Sevilla

le dio Juan Pablo II.



TEXTO: Ignacio Sánchez Dalp
Del pregón de Semana Santa de Sevilla 2005