24 junio 2008
Próximo destino
17 junio 2008
Autoretrato de las incertidumbres

22 mayo 2008
16 mayo 2008
El Ajolí
El puente del Ajolí
dicen que se está cayendo
todos los años lo dicen
pero sigue resistiendo.
Lo que no sabe la gente
que hay un ángel rociero,
que lo sostiene en los brazos,
cuando pasan los romeros.
Esta sevillana hacía referencia al viejo puente del Ajolí, puerta de El Rocío para el camino de Sevilla y frontera natural entre los términos de Almonte e Hijonos. Ese ángel rociero que hacía posible el paso de las hermandades camino del Rocío se cansó o ya le pudieron las fuerzas en el año 2003. Una crecida del arroyo causada por las fuertes lluvias registradas acabó por completo con el legendario puente, de característico crujir de maderas al paso de las carretas. Para la siguiente romería la solución pasó por el montaje de un puente militar del ejército. Actualmente un nuevo puente ocupa el lugar del antiguo. Tiene veinte metros de largo por seis de ancho, y su estructura se ha elevado medio metro respecto a la cota que tenía el anterior para evitar que una posible crecida del arroyo pueda afectarle. Por él sólo cruzan los vehículos de tracción animal, los de tracción mecánica lo hacen por una plataforma de hormigón justo al lado del puente. Para la romería más de sesenta hermandades lo cruzan y sus nombres junto a la fecha de fundación se encuentran inscritos en placas en las maderas. Es tradicional el canto de
15 mayo 2008
07 mayo 2008
06 mayo 2008
Esta mañana en mi pueblo el aire huele a Rocío
21 abril 2008
09 abril 2008
08 abril 2008
Tres claveles blancos
Sevilla intenta desperezarse del invierno a duras penas. Tras una fría Semana Santa, ahora son los farolillos, los colores de las casetas y la portada, las que intentan traernos a empujones una primavera que se resiste. Miro tras los cristales, salpicados de lluvia, y hoy se me antoja acordarme de tí, acercarme a tu persona y rescatar algunos recuerdos. Justo hoy hace un año que te fuiste de viaje cuando todo el mundo celebraba la Resurrección. El día está gris, con una luz rara que lo convierte todo en una estampa sepia, como esta otra que sujeto con mis manos y que me muestran a una joven que emprende un camino convencida de su amor. Tu traje negro, de luto por tu madre. Ni grandes diademas, ni ostentosas joyas, eran otros tiempos ¡Qué más sevillano que un velo prendido con tres claveles blancos!Sevillana de Triana, o trianera de Sevilla, que es igual pero distinto, viviste a ambos lados de ese puente que une o diferencia. Orgullosa de tu cuna en la calle Pureza, ¡qué suerte poder presumir de una bisabuela trianera! tu nombre no podía ser otro que Ana, como la Señá que es patrona del barrio. En tus labios siempre a tu madre Amalia, a la que recordabas todos los días. De tu padre Manuel siempre contabas que había tallado techos y puertas de la Plaza de España, cuando Sevilla renacía de su letargo con las obras de la Exposición de 1929. Pero para orgullo ese sillón de camarín que labró para la Virgen de los Reyes.
Correteaste tras tus hermanos por la Judería y San Bartolomé, supliendo las veces de una madre arrebatada por la enfermedad. Y fue así, haciendo de madre, buscando a tus hermanos como conociste a ese hombre que te llevó al altar de la capilla de la Virgen de la Alegría, de las alegrías y de las penas... que de todo hubo en la vida. Cambiaste tu Sevilla natal por un pueblo aljarafeño de solera y con la gracia de ser rociero por los cuatro costados. Gines. Fue la Virgen del Rocío tu gran devoción. Pronto vino tu primera hija, Amalia como tu madre, después Ana y más tarde Juan. Trabajo, trabajo y mas trabajo. El campo, Villamarín y puntadas para la calle robandole horas a la madrugada. Tampoco tardaron en llegar los nietos, 12. Y pudiste conocer también a una docena de bisnietos. Toda visita a tu casa se saldaba con chocolate Nestlet y dinerito para chucherías. Tu casa siempre abierta, sobre todo cuando pasaban las carretas por tu calle camino del Rocío.
Tu cuerpo te jugó una mala pasada en los últimos años de tu vida. Tu andar se fue haciendo más cadencioso, tus pasos más torpes, hasta que un día no quisiste forzar más a tus piernas postrándote en una cama. Desde el duro mundo de las cuatro paredes blancas y solo asomada a la ventana por la pequeña pantalla seguías los telediarios, las novelas y los toros, siempre Canal Sur. Agradecías cualquier visita de todo aquel que quería dedicar unos ligeros minutos contigo. Allí pasaban los días hasta que sin avisar te fuiste justo cuando no te quejabas. En silencio y sin hacer ruido. Hoy, una año después de tu marcha que mejor que recordarte con esos tres claveles blancos.
























