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30 diciembre 2007

La Inquisición vuelve a Triana

"Monstruosos son los gritos
que desde la de Castilla se oían

merced del flagelo dominico
que en aquella bruja sacudían"


No podían imaginar los comerciantes del Mercado de Triana cuando el sábado recogían sus puestos que bajo ellos, en el sótano, la Inquisición volvía a torturar a una bruja. Presidía la mesa el inquisidor dominico acompañado de dos torturadores. Era el interrogatorio de Inés Rodríguez, acusada por los testigos de brujería. Con un libro y un crucifijo con dos velones sobre la mesa, el ritual comenzaba. El mismo que tantas veces se desarrolló en ese mismo lugar. En el Castillo de San Jorge, sede del Santo Oficio, junto al Guadalquivir en el arrabal trianero. Atada de pies y manos, enjuta y de hechura maltrecha, cada vez que no contestaba o lo hacía con evasibas imprecisas, las cuerdas se apretaban tirando de las extremidades. Los gritos de la bruja, ensordecedores y sedientos de clemencia, podían escucharse desde fuera de la cámara. Mientras el inflexible y despiadado dominico continuaba con sus preguntas para que la bruja declarase su culpabilidad, fuera o no, respecto a las delaciones llegadas a la Inquisición. Como ellas muchas mujeres fueron torturadas allí.

Pero esto es sólo una escena de la película-documental que está rodando Pilar Távora. La directora sevillana quiere homenajear y hacer un reconocimiento a todas esas mujeres que fueron malinterpretadas, perseguidas y manipuladas por el poder dominante, la sociedad y la historia. Para Távora la brujería llegó a ser casi una religión y nació de la relación y conocimiento de la mujer con la naturaleza, la salud y el alma. A los poderes no le interesaba el estatus y relevancia que estas mujeres iban tomando y trató de silenciarlas y relegarlas hasta el ostracismo. Con este docudrama quiere desmitificar y quitar caretas porque, según ella, las brujas han dado mucho a la humanidad, íncluso han curado epidemias.

Cinco meses de documentación y otros cinco entre rodaje y postproducción darán como resultado un documental en el que se recorre la historia de la brujería desde el origen, antes de Cristo, hasta la actualidad. Las filmaciones se han desarrollado en Montilla, Aracena, Castaño del Robledo y Sevilla. El equipo proseguirá con localizaciones en Galicia, País Vasco, Francia y Alemania. Antes de verano se estrenará en las salas de cine, en otoño viajará a festivales extranjeros y Canal Sur ha comprado los derechos de emisión para televisión.

09 diciembre 2007

La villa suspendida en el tiempo


"Medina Sidonia, memoria viva de Al-Andalus. Es una villa suspendida en el tiempo entre la campiña y la sierra de Cádiz. Encumbrada por los romanos y mimada por los árabes, Media Sidonia conserva hoy todo su sabor medieval. Casas palaciegas y populares se agrupan entre los restos de las murallas. Desde las ruinas del castillo se domina una inmensa llanura, salpicada de cortijos y dehesas de toros bravos, al borde de la costa atlántica. Medina Sidonia, la historia escrita en piedra."

Así definía Caballero Bonald en la seria Andalucía es de Cine a este municipio gaditano que no deja indiferente a nadie que cruce las puertas de sus murallas. Fundada por fenicios procedentes de Sidón y siempre este enclave fue prestigiado por las distintas culturas que quiseron convertirla en su morada. En tiempos de antes de los moros Asidonia fue sede episcopal. Su nombre se unió desde el reinado de Juan II al ducado creado por el rey y otorgado a la casa de Guzmán que ya eran condes de Niebla. El duque quiso recuperar el obispado, ya que la ciudad de Cádiz sufría continuos ataques berberiscos. Precisamente para ello levantó el claustro y la iglesia. Un paseo por sus calles, de casas blancas te retrotraen a otras épocas. Si por algo es también famosa es por su reposteria de origen andalusí: los famosos alfajores y amarguillos de Medina.

09 octubre 2007

Los Vélez: la flor de los Fajardo

A medio camino entre Granada y Murcia, en el norte de la provincia de Almería, se alza la comarca de los Vélez. Tierras pobladas desde antiguo, de inmensa riqueza cinegética, de gran valor paisajístico, donde la gente del pueblo dice que lo mejor que tienen es el agua que rebosa por todas las fuentes. Desde lo alto, el castillo vigila el devenir de las gentes en lo que fue capital de los estados de los Fajardo.

La comarca de los Vélez se convierte en una buena alternativa para una escapada de fin de semana. Sorprende todo. La arquitectura, los paisajes, el rugir del agua y su castillo. Desde antiguo estas tierras fueron pobladas por el hombre. Muchas cuevas dan fiel testigo de esta presencia con importantes muestras de pintura rupestre. En la cueva de los letreros encontramos la cuna del índalo, símbolo ya de toda la provincia; pero también la silueta de un brujo o hechicero, convertido ya en seña de identidad de los Vélez. La huella musulmana queda reflejada en el urbanismo. El barrio de la Morería, en las faldas del castillo en Vélez-Blanco, es paradigma del urbanismo árabe. Boabdil, el último rey de Granada, pasaba grandes temporadas en estas tierras tan fértiles. Tanto producían estos campos de la llanura que en tiempos de la reconquista casi se convirtieron en el granero que proveía de víveres a los soldados cristianos en Al-Andalus. En 1503, la reina Isabel la Católica cede la villa a Pedro Fajardo. Es entonces cuando Vélez-Blanco se convierte en la cabeza del señorío del Marquesado de los Fajardo en los Vélez. Son tiempos buenos para la región. El antiguo alcázar árabe torna sus formas y se levanta de nuevo. Nace así un nuevo castillo-palacio de trazas renacentistas que domina todo el paisaje a kilómetros. Pasando los siglos los avatares políticos y sociales, y el cambio de vida, hizo que el castillo se abandonara. Así comienza el expolio. Se llevan las puertas, los materiales de acarreo e íncluso el magnífico patio renacentista en mármol que termina en un museo de Nueva York. El castillo queda entonces como un inmenso cascarón vacío. Poco a poco se están realizando labores de restauración que tratan de devolverle el esplendor de antaño.

Un paseo por sus calles te retrotraen a otros tiempos. El agua se hace presente en cada esquina a través de sus muchas fuentes. La de la novia, la de los 5 caños... y un barranco con un riachuelo que te traslada a otras tierras. Entre el blanco de las casas resalta el marrón del ladrillo visto de la iglesia de la Magdalena y el convento de San Luis. A un paso, carretera arriba entramos en el parque natural Sierra de María. Y carretera abajo llegamos a Vélez-Rubio, donde destaca la iglesia de la Encarnación.
Adentrarse en la comarca de los Vélez es saborear la historia, la naturaleza y el paisaje. Un retiro único en una esquina recóndita de Andalucía.