No sabemos cómo era el rostro de quien tantos semblantes talló, no ha pasado a la posteridad. Sólo su nombre y su obra. No conocemos la cara de Luisa, la hija de Pedro Roldán. En el taller de su padre forjó el oficio que le dió fama más allá de Andalucía. Podemos jugar a imaginar como sería aquella mujer que se abrió camino en una época difícil de claroscuros. Quizás fuera morena, como el tópico de mujer andaluza, y sus cabellos ondulados como esas melenas que plasmó al viento en la madera. Mujer de carácter y fuerza como para ser alguien en un mundo de hombres y destacar con su arte. Obstinada en sus decisiones fue capaz de casarse pese a la oposición familiar. Este dato nos refleja lo arriesgado de su persona. Su personalidad unida a su destreza en el arte de dar vida a la madera y el barro le hizo encumbrarse en la cúspide del arte de su tiempo. En la Corte llegó a ser la única mujer escultora de cámara de los reyes Carlos II y Felipe V.
Muchas han sido las obras atribuidas a quien pasó a la historia como la Roldana. De estas atribuciones muchas caen por su propio peso. Si se compara la Soledad de Puerto Real, la única dolorosa documentada, con la más universal de las atribuciones, la Esperanza Macarena, la cuestión es clara... Que cada cuál saque sus conclusiones dice el director de la muestra que ahora se dedica a Luisa en Sevilla.
Su obra se desparrama por Sevilla, Córdoba, Cádiz y Madrid. Una selección de ellas puede verse hasta octubre en los Reales Alcázares con motivo del III Centenario de la muerte de la Roldana, dentro del ciclo Andalucia Barroca. En total se exponen treinta y una esculturas. De estas obras, veinticuatro corresponden a la propia Luisa Roldán, dos esculturas se consideran de Pedro Roldán con la intervención de su hija: San Fernando de la Catedral de Sevilla y el Ángel de la Oración en el H
uerto de Monte-Sión. Además se exponen cinco obras más de Pedro Roldán coetáneas a la actividad de la Roldana en Sevilla. De su época madrileña destacan misterios de la vida de la Virgen en pequeña escala. En la exposición se exhiben de forma secuencial: desde el nacimiento de la Virgen con San Joaquín y Santa Ana, pasando por la iniciación a la lectura para llegar a las famosas Vírgenes de la leche, María amamanta a Jesús. De Cádiz sobresalen sus patrones, San Germán y San Servando, y un Ecce Homo.
Luisa Roldán murió, después de hacer declaración de pobreza, el 10 de enero de 1706 en Madrid y fue enterrada en secreto. Paradójicamente disfrutó de gran reconocimiento social y artístico en vida, siendo significativo que el mismo día de su muerte la Academia de San Lucas de Roma la nombraba Académica.
Su obra se desparrama por Sevilla, Córdoba, Cádiz y Madrid. Una selección de ellas puede verse hasta octubre en los Reales Alcázares con motivo del III Centenario de la muerte de la Roldana, dentro del ciclo Andalucia Barroca. En total se exponen treinta y una esculturas. De estas obras, veinticuatro corresponden a la propia Luisa Roldán, dos esculturas se consideran de Pedro Roldán con la intervención de su hija: San Fernando de la Catedral de Sevilla y el Ángel de la Oración en el H
uerto de Monte-Sión. Además se exponen cinco obras más de Pedro Roldán coetáneas a la actividad de la Roldana en Sevilla. De su época madrileña destacan misterios de la vida de la Virgen en pequeña escala. En la exposición se exhiben de forma secuencial: desde el nacimiento de la Virgen con San Joaquín y Santa Ana, pasando por la iniciación a la lectura para llegar a las famosas Vírgenes de la leche, María amamanta a Jesús. De Cádiz sobresalen sus patrones, San Germán y San Servando, y un Ecce Homo.Luisa Roldán murió, después de hacer declaración de pobreza, el 10 de enero de 1706 en Madrid y fue enterrada en secreto. Paradójicamente disfrutó de gran reconocimiento social y artístico en vida, siendo significativo que el mismo día de su muerte la Academia de San Lucas de Roma la nombraba Académica.
















































